Rehabilitación e Impacto Familiar4 min lectura

Estimulación temprana y desarrollo infantil: que los padres sean padres y los terapeutas, terapeutas

Estimulación temprana y desarrollo infantil: que los padres sean padres y los terapeutas, terapeutas
Declaración de Elaboración de la NotaTransparencia Verificada

Declaración Auditada y Coherente

82% Criterio y Sustancia Humana18% Co-Piloto IA
Gonzalo Rojas Quintano

Fonoaudiólogo · Fundador de Conexión Terapeuta

  • Licenciatura en Psicología, Universidad de Chile
  • Magíster en Neurociencia Social, Universidad Diego Portales

Una mirada, un gesto, un intento, una pregunta. El niño va abriendo oportunidades todo el tiempo. No siempre hay que fabricarlas ni llenar el día de actividades. El asunto es reconocerlas cuando aparecen y saber qué hacer con ellas.

A veces pienso que hemos complicado demasiado la idea de estimulación temprana.

Pareciera que para estimular bien a un niño los padres tuvieran que conocer los hitos del desarrollo infantil, preparar actividades y saber qué habilidad trabajar en cada momento: desarrollo del lenguaje, desarrollo motor, cognitivo, social, sensorial. Tener una respuesta preparada. Y no sé si funciona así.

El niño no está esperando pasivamente que alguien llegue a estimularlo. Mira, toca, se mueve, insiste, vocaliza, pregunta, busca algo, abandona otra cosa. De alguna manera va mostrando qué puede hacer y abriendo oportunidades para el adulto.

Ahí me aparece la imagen del vendedor ambulante.

El vendedor ambulante y las oportunidades de desarrollo

El vendedor ambulante tiene algo de oportunista. No en el mal sentido. Mira lo que está pasando y ofrece algo que tiene sentido justo en ese momento.

Llueve: paraguas.
Hace frío: café caliente.
Hace calor: agua mineral bien fría.

Hay un patrón. El vendedor no crea la lluvia, no provoca el frío ni convence a alguien de que tenga sed. Lee lo que está ocurriendo y responde.

Con el desarrollo infantil pasa algo parecido.

El niño señala y miramos con él. Intenta decir algo y esperamos. Quiere alcanzar algo y le damos la oportunidad. Intenta hacerlo solo y dejamos un poco más de espacio, ayudamos lo necesario.

Ahí conviven distintas áreas del desarrollo sin que nadie tenga que separarlas. Hay lenguaje y comunicación, movimiento, atención, resolución de problemas, regulación, interacción social. Para el niño no existen como casilleros distintos.

Y a veces hay que hacer todavía menos.

Un niño puede estar concentrado en algo que, visto desde afuera, parece repetitivo o sin mucho propósito. Mueve una cosa de un lado a otro, prueba varias veces lo mismo, ordena, desordena, vuelve atrás. Hay concentración, persistencia, pequeñas variaciones. Algo está haciendo. Quizás está descubriendo un patrón, probando una relación, viendo qué pasa si cambia una cosa y mantiene otra. No siempre sabemos exactamente qué está resolviendo.

El adulto sí tiene un plan. Son las siete, toca bañarse, después comer y acostarse. Todo bastante razonable. Pero quizás el niño está metido en otro proyecto.

Podemos mirar un poco más antes de interrumpir. Tal vez cinco minutos bastan para que termine. La rutina sigue ahí, pero no necesariamente tiene que imponerse justo en ese segundo.

Esos momentos son oro.

La estimulación temprana suele imaginarse como algo que el adulto hace: hablar, mostrar, preguntar, enseñar, proponer una actividad. También podemos favorecer el desarrollo dando espacio. No resolviendo inmediatamente. Dejando que el niño explore, repita, pruebe y termine algo que inició por sí mismo.

A veces la oportunidad pide nuestra participación. Otras veces conviene no meterse todavía.

Cuando la estimulación temprana se convierte en un manual

Conocer el desarrollo infantil sirve. Permite ajustar expectativas, entender algunas conductas, reconocer señales de alerta y saber cuándo conviene consultar a un fonoaudiólogo, kinesiólogo, terapeuta ocupacional u otro profesional.

Podemos pasarnos para el otro lado.

Una familia puede terminar llena de hitos, ejercicios, estrategias, ventanas de oportunidad y maneras “correctas” de interactuar. El adulto juega con su hijo, pero al mismo tiempo piensa si hizo la pregunta correcta, si esperó suficiente, si trabajó el lenguaje, la motricidad, la atención, si estimuló suficiente.

Es como aprender tanto sobre paraguas que uno termina pendiente de cuándo ofrecer uno, aunque afuera haya treinta grados.

Los manuales muchas veces chocan con la vida. Hay trabajo, cansancio, otros hijos, problemas económicos, poco espacio, poco tiempo. Una recomendación perfectamente razonable en el papel puede ser impracticable a las siete y media de la tarde, con dos niños cansados y un adulto que recién llegó de la pega.

Saber más puede ayudar a mirar mejor. También puede llenar la interacción de instrucciones.

Un adulto agotado puede conocer perfectamente la recomendación y no tener cabeza para aplicarla en ese momento.

Desarrollo del lenguaje, desarrollo motor y otras áreas: todo ocurre a la vez

También tendemos a separar el desarrollo porque profesionalmente necesitamos hacerlo. Hablamos de desarrollo del lenguaje, desarrollo motor, desarrollo cognitivo, desarrollo socioemocional, autonomía, juego.

Sirve para estudiar, evaluar y decidir una intervención.

El niño, mientras tanto, está tratando de subir a una silla para alcanzar un juguete que quiere mostrarle a su papá.

En una misma escena puede haber planificación motora, equilibrio, resolución de problemas, intención comunicativa, atención conjunta y lenguaje. Después probablemente aparezca alguna emoción si no consigue lo que quería.

La vida cotidiana mezcla lo que nosotros separamos para poder estudiarlo.

Por eso muchas oportunidades de estimulación no necesitan parecerse a un ejercicio. Ya vienen mezcladas.

Que el padre sea padre y el terapeuta, terapeuta

Esto nos toca directamente a quienes trabajamos con niños y familias.

Lo mejor es que el padre pueda ser padre y el terapeuta, terapeuta. Son lugares distintos y trabajan juntos.

El profesional aporta conocimiento sobre desarrollo infantil y puede identificar cuándo una dificultad en el lenguaje, el desarrollo motor, la comunicación, la alimentación, la autonomía u otra área necesita una evaluación o una intervención específica.

Los padres tienen otra cosa: la vida cotidiana con ese niño.

Cuando trasladamos demasiada terapia a la casa, los lugares empiezan a confundirse. El juego tiene un objetivo terapéutico, la comida se transforma en una actividad, la conversación en una oportunidad que hay que aprovechar. Hasta jugar puede empezar a sentirse como una tarea pendiente.

Nuestra pega puede ser bastante concreta: ayudar a los padres a reconocer qué está haciendo el niño y qué pueden hacer cuando aparece una oportunidad. Algunas veces habrá que enseñar una estrategia específica y practicarla. Otras requerirán intervención directa. Y muchas veces bastará con hacer visible algo que ya estaba ocurriendo.

Una intervención bien integrada no tiene por qué producir más horas de terapia en la casa. Lo trabajado con el fonoaudiólogo, kinesiólogo, terapeuta ocupacional u otro profesional puede empezar a aparecer mientras el niño juega, come, conversa, se mueve o se viste.

El terapeuta puede ayudar a reconocer la lluvia.

El padre sigue siendo quien está ahí cuando empieza a llover.

Fuentes y Referencias

Desarrollo infantil y relación niño-entorno

  • •Sameroff, A. J. (Ed.). (2009). The Transactional Model of Development: How Children and Contexts Shape Each Other. American Psychological Association.
  • •Sameroff, A. J. (2010). A Unified Theory of Development: A Dialectic Integration of Nature and Nurture. Child Development, 81(1), 6–22.

Interacción entre el niño y sus cuidadores

  • •Ainsworth, M. D. S., Bell, S. M. & Stayton, D. J. (1974). Infant-Mother Attachment and Social Development: Socialization as a Product of Reciprocal Responsiveness to Signals.
  • •Ainsworth, M. D. S., Blehar, M. C., Waters, E. & Wall, S. (1978). Patterns of Attachment: A Psychological Study of the Strange Situation.
  • •Center on the Developing Child at Harvard University. Serve and Return: Back-and-Forth Exchanges.

Exploración, juego y espacio para no intervenir

  • •Gopnik, A. (2012). Scientific Thinking in Young Children: Theoretical Advances, Empirical Research, and Policy Implications. Science, 337(6102), 1623–1627.
  • •Bonawitz, E. et al. (2011). The Double-Edged Sword of Pedagogy: Instruction Limits Spontaneous Exploration and Discovery. Cognition, 120(3), 322–330.
  • •Hirsh-Pasek, K. et al. (2009). A Mandate for Playful Learning in Preschool: Presenting the Evidence. Oxford University Press.

Contexto familiar y desarrollo

  • •Bronfenbrenner, U. & Morris, P. A. (1998). The Ecology of Developmental Processes.
  • •Bronfenbrenner, U. & Morris, P. A. (2006). The Bioecological Model of Human Development.

Sobrecapacitación y parentalidad intensiva

  • •Hays, S. (1996). The Cultural Contradictions of Motherhood. Yale University Press.
  • •Wall, G. (2010). Mothers' Experiences with Intensive Parenting and Brain Development Discourse. Women's Studies International Forum, 33(3), 253–263.

Familia y profesionales trabajando juntos

  • •Dunst, C. J., Trivette, C. M. & Hamby, D. W. (2007). Meta-analysis of family-centered helpgiving practices research. Mental Retardation and Developmental Disabilities Research Reviews, 13(4), 370–378.
  • •World Health Organization, UNICEF & World Bank Group. (2018). Nurturing Care Framework for Early Childhood Development.