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La primera búsqueda: qué vive una familia cuando necesita rehabilitación

La primera búsqueda: qué vive una familia cuando necesita rehabilitación
Gonzalo Rojas Quintano

Fonoaudiólogo · Fundador de Conexión Terapeuta

  • Licenciatura en Psicología, Universidad de Chile
  • Magíster en Neurociencia Social, Universidad Diego Portales

No pretendo tener una respuesta definitiva. Lo que intento es entender qué ocurre cuando una familia recibe una noticia que cambia el curso de su vida y, de un momento a otro, necesita encontrar un equipo de salud.

Creo que algo de eso puedo imaginar. Soy padre. Y noticias muy pequeñas tienen la capacidad de hacernos sentir incertidumbre y miedo. Cuando el problema involucra a un hijo, una pareja, un padre o cualquier persona que uno ama, la mente cambia de escala. Lo que antes era una preocupación se convierte en una pregunta sobre el futuro.

Como terapeuta he visto ese momento en muchas familias. Algunas llevan años conviviendo con una condición de salud; otras acaban de entrar en este mundo. Y una impresión se repite con frecuencia: probablemente nunca sea fácil, pero el inicio tiene una intensidad particular. Es el momento en que las noticias caen más rápido de lo que pueden ser procesadas.

Hay un punto en que uno escucha, pero ya no comprende. Las palabras llegan, los diagnósticos se acumulan, aparecen términos nuevos, derivaciones, exámenes, pronósticos. El problema no siempre es la falta de información; muchas veces es que la información llega cuando la capacidad para procesarla está profundamente alterada. Sabemos que el estrés agudo puede afectar funciones cognitivas esenciales, como la memoria de trabajo, la atención y la capacidad para integrar información nueva, precisamente en el momento en que más se necesita comprender lo que está ocurriendo (Arnsten, 2009).

¿Qué vive una familia en ese momento?

Es una buena pregunta. Y probablemente deberíamos estudiarla más.

La bibliografía habla de duelo, de adaptación y de reorganización familiar. Pero en este caso no siempre se trata de una pérdida puntual. Muchas veces es una pérdida cuya presencia se proyecta hacia el futuro. No es un evento que termina; es una realidad que obliga a reconstruir expectativas, rutinas, proyectos y formas de entender la vida cotidiana. Algunos autores han descrito este fenómeno como un proceso de dolor crónico, distinto del duelo tradicional, porque la condición de salud sigue estando presente y reactivando la experiencia emocional a lo largo del tiempo (Eakes, Burke & Hainsworth, 1998; Rolland, 1994).

Yo sospecho que aparecen, al menos, tres experiencias: soledad, incertidumbre y desorientación.

La mente tiene una característica curiosa. Cuando no sabe qué va a pasar, puede completar los vacíos con escenarios negativos. No se trata simplemente de una decisión racional ni de una evaluación consciente de probabilidades. La incertidumbre puede aumentar la percepción de amenaza y hacer que el futuro se sienta mucho peor de lo que finalmente será. La teoría de la incertidumbre en la enfermedad plantea precisamente que la incapacidad para anticipar el curso de una condición de salud puede intensificar la ansiedad y la sensación de peligro (Mishel, 1988).

Nadie sabe realmente qué va a pasar.

Y esa incertidumbre pesa.

Cada semana trae una nueva información, una nueva evaluación, una nueva posibilidad. Cuando la historia es reciente, cada resultado parece tener la capacidad de redefinir el futuro completo.

En esos momentos aparece otra pregunta, menos evidente pero profundamente humana: ¿vamos a poder con esto?

Los seres humanos somos sociales. Dependemos de otros. Nos organizamos en redes. Pedimos ayuda. Aprendemos observando. Compartimos responsabilidades. Por eso me pregunto si una parte importante de la experiencia inicial depende de la percepción de no estar solos.

Me atrevo a plantear una hipótesis: el apoyo social es uno de los factores más importantes en la vivencia de una crisis de esta magnitud. La evidencia muestra que las redes de apoyo pueden amortiguar el impacto psicológico de los eventos altamente estresantes y aumentar la capacidad de afrontamiento de las familias (Cohen & Wills, 1985).

No hablo solamente de amigos y familiares. Hablo también de los profesionales y de las instituciones que deberían ayudar a organizar el camino cuando todo parece caótico.

Un terapeuta que explique con claridad. Un equipo que coordine. Alguien que ayude a distinguir lo urgente de lo importante. Alguien que pueda reducir, aunque sea un poco, la incertidumbre.

Y aquí es donde la rehabilitación puede transformarse en algo profundamente esperanzador.

Hoy existen equipos y plataformas que permiten justamente eso: acompañar el proceso desde el inicio, sin que la familia tenga que resolverlo todo sola.

Kinesiólogos, fonoaudiólogos, terapeutas ocupacionales, psicólogos, nutricionistas y otros profesionales de la rehabilitación pueden trabajar de manera coordinada para acompañar distintos aspectos del proceso. La idea no es solo tratar una condición, sino construir un camino de recuperación posible, humano y organizado.

Pero quizás el problema es todavía más grande.

Una familia no debería tener que construir por sí sola toda la red que necesita para enfrentar una situación de esta magnitud. Vivimos en una sociedad que ha creado sistemas de salud, educación, protección social y comunidades profesionales precisamente porque entendemos que hay situaciones que una persona no puede resolver individualmente.

En ese sentido, los profesionales pueden cumplir un papel que va más allá de la atención directa. Pueden ayudar a conectar los distintos espacios en los que transcurre la vida de una persona: la familia, la escuela, el trabajo, la comunidad y el sistema de salud. Bronfenbrenner describió que el desarrollo y el bienestar dependen no solo de cada contexto por separado, sino también de las relaciones entre esos contextos. La coordinación entre la familia, los profesionales y otras instituciones puede modificar profundamente la experiencia de una persona (Bronfenbrenner, 1979).

Eso importa especialmente cuando una familia está atravesando una crisis.

Porque cuando todo cambia de manera repentina, alguien tiene que ayudar a ordenar el camino.

Y ahí aparece una pregunta más incómoda:

¿Qué ocurre cuando esa red no está disponible?

Cuando la información está fragmentada. Cuando nadie explica qué viene después. Cuando cada institución resuelve solamente su propia parte. Cuando la familia tiene que descubrir sola a quién llamar, qué preguntar, cómo organizarse.

Puede ocurrir algo extraño: una sociedad llena de instituciones y profesionales puede hacer que una familia se sienta completamente sola.

No necesariamente porque nadie quiera ayudarla.

Sino porque la ayuda existe, pero no está conectada.

Y aquí hay un punto clave: los profesionales, por sí solos, no constituyen una red. Un kinesiólogo, un fonoaudiólogo o un terapeuta ocupacional pueden hacer un trabajo excelente en su ámbito, pero si no existe interacción, coordinación y comunicación entre ellos, lo que se genera no es una red, sino una suma de intervenciones aisladas.

Y cuando una familia está en medio de una crisis, tener ayuda disponible no es lo mismo que poder encontrarla, comprenderla y coordinarla.

Esa diferencia puede parecer pequeña desde fuera.

Para una familia que acaba de recibir una noticia que cambia su vida, puede ser enorme.

Existe una literatura completa sobre navegación de pacientes que parte de una idea simple: los recursos de salud aislados no son suficientes si las personas no cuentan con mecanismos que les permitan orientarse, coordinarse y avanzar dentro del sistema (Freeman & Rodriguez, 2011). Del mismo modo, la continuidad del cuidado entre distintos actores reduce la ansiedad, mejora la experiencia de las familias y facilita los procesos terapéuticos (Haggerty et al., 2003).

Hay otra idea que me parece importante.

Muchas veces pensamos que el problema es la enfermedad.

Pero una parte importante del sufrimiento puede provenir de la carga de organizar el tratamiento. Coordinar profesionales, gestionar horarios, buscar información, entender coberturas, trasladarse, y sostener el día a día. Cuando el sistema está fragmentado, esa carga recae sobre la familia. Y esa carga también agota (Shippee et al., 2012).

Por eso, cuando la rehabilitación se organiza bien, también alivia.

Nadie puede solo.

Y quizás esa es una de las ideas más importantes de la rehabilitación.

A veces pensamos que la rehabilitación comienza con una técnica, un ejercicio o una sesión. Yo creo que muchas veces comienza con una comunidad. Con personas que ayudan a sostener a una familia mientras todavía no sabe cómo sostenerse a sí misma.

Un equipo adecuado —kinesiólogos, fonoaudiólogos, terapeutas ocupacionales, psicólogos y otros profesionales— puede cambiar mucho más que un plan de tratamiento. Puede cambiar la manera en que una familia atraviesa el inicio de un proceso.

Por eso sigo pensando que la rehabilitación no empieza en la primera sesión.

Empieza cuando una familia descubre que no tiene que recorrer este camino completamente sola.

Fuentes principales
  • •Arnsten, A. F. T. (2009). Stress signalling pathways that impair prefrontal cortex structure and function. Nature Reviews Neuroscience, 10(6), 410-422.
  • •Bronfenbrenner, U. (1979). The Ecology of Human Development: Experiments by Nature and Design. Harvard University Press.
  • •Cohen, S., & Wills, T. A. (1985). Stress, social support, and the buffering hypothesis. Psychological Bulletin, 98(2), 310-357.
  • •Eakes, G. G., Burke, M. L., & Hainsworth, M. A. (1998). Middle-range theory of chronic sorrow. Image: The Journal of Nursing Scholarship, 30(2), 179-184.
  • •Freeman, H. P., & Rodriguez, R. L. (2011). History and principles of patient navigation. Cancer, 117(S15), 3539-3542.
  • •Haggerty, J. L., Reid, R. J., Freeman, G. K., Starfield, B. H., Adair, C. E., & McKendry, R. (2003). Continuity of care: a multidisciplinary review. BMJ, 327(7425), 1219-1221.
  • •Mishel, M. H. (1988). Uncertainty in illness. Image: The Journal of Nursing Scholarship, 20(4), 225-232.
  • •Rolland, J. S. (1994). Families, Illness, and Disability: An Integrative Treatment Model. Basic Books.
  • •Shippee, N. D., Shah, N. D., May, C. R., Mair, F. S., & Montori, V. M. (2012). Cumulative complexity: a functional, patient-centered model of patient complexity can improve research and practice. Journal of Clinical Epidemiology, 65(10), 1041-1051.